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Obra · 11 de julio de 2026
La altura del forjado manda. Te explicamos cómo comprobar si tu vivienda admite una ducha enrasada antes de contratar nada.
La ducha enrasada, sin escalón ninguno, es lo que casi todo el mundo quiere. En obra nueva es lo normal. En un piso de los años sesenta o setenta a veces no se puede, y es mejor saberlo antes de firmar un presupuesto que lo prometa.
De una sola cosa: la altura libre que hay entre la cara superior del forjado y el nivel del suelo terminado. Ahí dentro tiene que caber el bote sifónico o el sumidero, más la pendiente necesaria para que el agua corra hacia el desagüe.
Un sumidero convencional necesita entre 9 y 11 cm. Los sumideros extraplanos y los lineales bajan a 6 o 7 cm. Si tu recrecido tiene 5 cm, no hay margen y habrá que dejar un escalón, aunque sea de dos o tres centímetros.
No hace falta picar nada para hacerse una idea. Hay dos pistas fáciles:
Con eso te haces una idea, pero la comprobación de verdad se hace en la visita, midiendo y a veces abriendo una cata pequeña.
No es un callejón sin salida. Hay tres salidas razonables, en este orden.
Colocado contra el muro, permite dar toda la pendiente en una sola dirección y aprovechar mejor los centímetros disponibles. Suele resolver la mayoría de los casos justos.
Se sube el nivel de todo el baño dos o tres centímetros. La ducha queda enrasada con el baño, y el escalón se traslada a la puerta, donde estorba mucho menos y se resuelve con un vierteaguas.
Un plato de resina extraplano deja un resalte de dos centímetros y medio. No es una ducha enrasada, pero comparado con el borde de una bañera de cincuenta centímetros la diferencia en accesibilidad es enorme.
Bajar el forjado picando por debajo del nivel estructural. Es caro, ruidoso, requiere autorización y en un edificio con vecinos abajo puede acabar en problema serio. Si alguien lo propone a la ligera, desconfía.
¿Quieres saber qué admite tu baño? Vamos a verlo y te lo decimos con la cinta métrica en la mano, no por teléfono.

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